martes, 29 de septiembre de 2009

Los papeles perdidos de Robert Kincaid (trozo 1)

Abrazado a ella, mi mirada se perdía en lontananza, y mi mente estaba absorta.

La tarde iba a morir en una esfera multicolor, y una suave brisa me consolaba con su caricia.

— En treinta años, no estaré— le dije. Ella me apretó con sus brazos y apoyó su cabeza en la mía.

— Quiero permanecer, quizá no aquí, pero en algún lado. Y ahora que estoy contigo, quiero que sea contigo.

Un suspiro suyo acompañó el fin de su abrazo. Me miró con una sonrisa, me besó en la mejilla y de nuevo me estrechó.

— Este momento es como una foto en el instante de ser tomada. Un registro de la verdad, verdad que en unos segundos se alejará... como todo.

Su silencio era el modo de su amor, en ese momento. Me dejaba estar muriendo porque me amaba.

— Cielo, no somos uno y otro, ¿sabes eso? Al encontrarnos, solo hemos recuperado la unidad... Pertenecemos a este prado porque nos pertenece, y lo mismo sucede con el tiempo: el pasado y el futuro están en este presente, que está a su vez en ellos. De pronto pienso que cuando me vaya, no me iré.

La noche aceleraba su caída, y sus dedos acariciando mi cabello eran el reloj que registraba ese descenso.

— Sin embargo, no puedo alejar esta tristeza. Soy el fotógrafo, no la foto. Hay tanto hermoso que registrar... Quizá conocerte, reencontrarte, ha sido nacer, y eso hay que pagarlo a un precio altísimo.

Sentados en el pasto del prado, algo me preguntaste y algo te respondí...

domingo, 27 de septiembre de 2009

Poema tonto

Para olvidar un amor
Se requiere tiempo
Mucho tiempo

U otro amor
Que requiere tiempo
Poco tiempo

Es cuestión de tiempo
Es cuestión de amor

Mejor no olvides
Pero mejor olvida

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Inter rictus

Érase una niña que no conocía la sonrisa. Y como no la conocía, no la extrañaba. Y murió ya adulta, sin haber sonreído nunca.
El dolor y la pena sólo fueron de los demás.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Mentiras de verdad (2)

No las espinas,
sino no tomar la rosa
es lo que mata.

jueves, 27 de agosto de 2009

Antes del anochecer


Si vieras cómo miro mi rostro en el espejo.
«¿Este soy yo?», pienso.
Si me vieras como yo.

Si vieras cómo miro mi sexo reposado,
rama solitaria en el arbusto.
Ni el sol de la tarde ilumina tanto.

lunes, 24 de agosto de 2009

Mentiras de verdad (1)

— ¿Y la alegría?
— Casi nunca genera buena escritura. El hombre hace literatura porque no es un hombre feliz.

sábado, 25 de julio de 2009

Escritura antigua


Terminaba de estrenar la escritura recién inventada. Había demorado menos que cuando creó el big bang, pero esta creación le había cansado más.

Libro secreto y sin embargo escrito, algunas de sus claves, por compasión (o descuido permitido), dejaría para adivinos, pitonisos y locos. Su inefable soledad le había hecho hablar (¿hablar?) allí de seres similares a él, pero mortales. En compensación, los había escrito múltiples. En compensación (o por misericordia), había dispersado en esa multiplicidad sus cualidades y sus imperfecciones. Ahora (por fin) se conocía, no más, sino mejor.

Si pudiéramos darle una imagen a lo que veía, hablaríamos de un rollo de pergamino (pero no es rollo ni pergamino, claro). Había dejado allí, disperso en seres (no solo animados) menos increíbles que él, todo lo que él era.

Para leer ese libro, había inventado el tiempo (para que lo lean otros, no él). Sus personajes se creerían, en algún momento, autores de su destino, protagonistas de algo que llamarían historia (individual y colectiva). Definitivamente, la lectura de ese libro, por ellos, exigía la inexistencia (ausencia) de su autor.

Ahora que tú lees esto, piensas que es simple literatura. Eso es más increíble que pensar que nada, hasta eso que piensas, ya es escritura antigua.